La ilusión de cambiar la historia en el Torneo Clausura duró demasiado poco. Sportivo San Lorenzo volvió a mostrar una imagen preocupante y cayó con claridad por 3-0 frente a Trinidense en el estadio Martín Torres, sumando otra derrota que profundiza una crisis deportiva que ya no sorprende a nadie, pero sí duele cada vez más.
Por Sergio Velázquez
El Rayadito fue superado de principio a fin por un rival que exhibió exactamente lo que hoy le falta al conjunto santo: una idea de juego, intensidad, variantes y un plantel preparado para competir en la máxima categoría. Trinidense golpeó temprano, manejó el partido con autoridad y terminó liquidándolo con un contundente 3-0 gracias al tanto de Clementino González y al doblete de Luis Abreu.
Lo más preocupante, sin embargo, va mucho más allá del resultado. San Lorenzo transmite la sensación de ser un equipo resignado, sin respuestas futbolísticas ni anímicas. En apenas tres fechas del Clausura ya quedó claro que los problemas que condenaron al equipo durante el Apertura siguen intactos. No hubo evolución. No hubo aprendizaje. Y, lo que es peor, prácticamente tampoco hubo refuerzos capaces de cambiar el panorama.
La dirigencia apostó por un mercado de pases demasiado austero para un club que sabía perfectamente cuál era su realidad. Después de un Apertura donde el equipo fue ampliamente superado por la mayoría de sus rivales y terminó seriamente comprometido con el promedio, la obligación era reforzarse con jerarquía. Esa inversión nunca llegó, y hoy las consecuencias están a la vista.
El descenso dejó de ser una amenaza lejana para convertirse en una realidad que golpea cada fin de semana. Salvo un cambio radical e inesperado, San Lorenzo parece estar transitando sus últimos meses en la Primera División. El equipo no estuvo a la altura de la categoría durante el primer semestre y, por lo demostrado en este inicio del Clausura, tampoco parece tener las herramientas para revertir una historia que se escribe fecha tras fecha.
La institución da la impresión de volver lentamente al lugar del que nunca terminó de salir: la División Intermedia. El ascenso había representado una oportunidad para consolidarse entre los mejores, pero las malas decisiones deportivas, la falta de planificación y un plantel corto para las exigencias de la Primera están llevando al club nuevamente al borde del precipicio.
Todavía quedan muchas fechas por disputarse y matemáticamente nada está definido. Pero el fútbol también se explica desde las sensaciones, y hoy las del pueblo rayadito son de preocupación, frustración e impotencia. Porque más allá de los números, el equipo no transmite argumentos para creer que puede cambiar su destino.
San Lorenzo necesita mucho más que una reacción. Necesita una transformación profunda. De lo contrario, el regreso a la Intermedia dejará de ser una posibilidad para convertirse, simplemente, en la consecuencia lógica de un proyecto que nunca estuvo preparado para competir en Primera.










