Obispo llama a revalorizar la política en función del bien común

El monseñor Joaquín Robledo presidiendo la misa central con el tema: «La Virgen María y San Lorenzo, diácono y mártir, testigos de salvación», el lunes 10 de agosto de 2026. (Foto: Obispado de la Diócesis de San Lorenzo).

El monseñor Joaquín Robledo indicó que el verdadero fin de la política es el bien común, recordando el Concilio del Vaticano II, e instó a «participar en la vida política». Fue durante la misa central en honor a San Lorenzo, diácono y mártir.

En una homilía con líneas sociales y políticas significativas, el obispo de la Diócesis de San Lorenzo, monseñor Joaquín Robledo, llamó a la ciudadanía a «participar en la vida política y a buscar el bien común conservando la fe que está siempre encima de cualquier ideología».

En ese contexto, resaltó el Concilio Vaticano II, que nos recuerda que la vida política nace para buscar el bien común, y que «el bien común es la virtud que evita que la vida política actúe solamente por intereses particulares de un partido o de un grupo».

Explicó que el bien común consta de tres elementos: el respeto a la persona en cuanto tal, el bienestar social y desarrollo del grupo mismo, y la paz, «es decir, estabilidad y seguridad de un orden justo».

«El bien común es algo vivo que hay que buscar personal y comunitariamente. El Papa Francisco en la encíclica Laudato si ve el bien común no solo entre los seres humanos, sino también entre las criaturas. Por eso habla de la casa común. Lo fundamental es la dignidad de las personas. La dignidad se realiza si hay respeto para cada persona, si se permite la convivencia, búsqueda constante del bien común», expresó el monseñor Robledo.

Lorenzo, un joven valiente

El monseñor Joaquín Robledo destacó que San Lorenzo, como diácono de la Iglesia de Roma, sirvió con alegría a Cristo presente en los pobres.

«Fue un joven valiente y de buen humor que no tuvo miedo a las amenazas del emperador que ordenó perseguir y martirizar a los cristianos. Lorenzo fue martirizado por el emperador Valeriano», relató.

Siguió: «Como diácono, asistió al Papa en la celebración de la Eucaristía y en la administración de los bienes de la Iglesia. San Lorenzo tenía la caja común de las limosnas que provenían de la administración de los cementerios, que servía para socorrer a los pobres, a los huérfanos y a las viudas. El papa Sixto II fue apresado y martirizado. También el prefecto tomó preso a Lorenzo y le exigió que le entregara las riquezas de la Iglesia. Dame un plazo, le respondió Lorenzo, y te las entregaré».

En esa misma línea, precisó que le concedieron tres días a Lorenzo, y que en ese tiempo reunió en el atrio a ciegos, cojos, viudas, ancianos, a todos aquellos a quienes socorría. «Entonces, llamando al prefecto, le dijo: ‘Aquí tienes los tesoros de la Iglesia’. El prefecto, lleno de cólera, le condenó a muerte. Fue cruelmente azotado y atormentado. Luego el santo diácono fue desnudado y puesto sobre una parrilla en el fuego. Allí continuó rezando por el bien de la Iglesia y por la paz del mundo. Lleno de fe entregó su espíritu el 10 de agosto del año 258», concluyó.

Artículo anterior6 de Enero golpeó fuerte y la otra semifinal quedó completamente abierta

COMENTARIOS

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí