San Lorenzo ya es oficialmente equipo de Intermedia. El empate ante Guaraní terminó de confirmar lo que durante meses dejó de ser una posibilidad para convertirse en una realidad anunciada: el Rayadito perdió la categoría y su regreso a Primera División termina de la peor manera.
Por Sergio Velázquez
No hubo milagro ni reacción sobre el final. Tampoco había demasiado margen para esperarlos. Después de una campaña marcada por derrotas, cambios de entrenadores, decisiones cuestionables y un rendimiento muy por debajo de lo que exige la máxima categoría, el descenso finalmente quedó consumado.
Y ahora queda poco por discutir. San Lorenzo tendrá que terminar el Clausura con la mayor dignidad posible y, sobre todo, mirar hacia la Copa Paraguay, donde todavía tiene una competencia por delante. Es, al menos, el último escenario disponible para intentar dejar una imagen diferente antes de cerrar una temporada que ya quedó marcada por el fracaso.
El regreso a Primera, que tantas expectativas había generado, terminó siendo apenas un paso fugaz. El Rayadito volvió a la máxima categoría y no estuvo a la altura de la competencia.
Ahora toca asumir la realidad, terminar lo que queda y empezar a pensar seriamente en cómo reconstruir un club que deberá volver a jugar en Intermedia.










