Cuando más golpeado estaba, cuando parecía que el torneo solamente ofrecía frustraciones y malos tragos, apareció una noche de esas que pueden marcar un antes y un después. Sportivo San Lorenzo derrotó 1-0 a Olimpia en Sajonia y le regaló a su gente una victoria enorme, de esas que se festejan por el rival, por el contexto y por todo lo que venía soportando el pueblo rayadito.
Por Sergio Velázquez
En el debut de Troadio Duarte, quien es el tercer entrenador contratado en la temporada, el equipo jugó con carácter, orden y una entrega que hacía tiempo se reclamaba. No fue solamente ganar; fue competir de verdad ante el reciente campeón, plantarse sin complejos y demostrar que todavía hay orgullo dentro de este plantel.
Durante gran parte del encuentro, San Lorenzo sostuvo el partido con concentración defensiva y mucha actitud. Olimpia manejó más tiempo la pelota, pero se encontró con un equipo decidido a dejar hasta la última gota de sudor. Federico Cristóforo respondió cuando fue exigido y la última línea mostró una firmeza que pocas veces se vio en el torneo.
Y cuando el partido parecía encaminado al empate, llegó el momento que hizo explotar a toda la parcialidad rayadita. A los 80 minutos, José Barrios cambió un penal por gol y desató la locura santa. Remate fuerte, seguridad absoluta y ventaja para un San Lorenzo que entendió cómo jugar los minutos finales.
Después hubo que aguantar. Y se aguantó con alma, corazón y dientes apretados. Cada cierre, cada despeje y cada pelota dividida se celebró como un gol más. Porque este triunfo no era uno cualquiera: era la posibilidad de recuperar algo de dignidad en medio de una campaña durísima.
La victoria además tiene un valor emocional enorme. Este mismo equipo venía siendo castigado por críticas, derrotas y actuaciones decepcionantes. Sin embargo, ante Olimpia apareció una versión mucho más comprometida, más intensa y mucho más identificada con lo que exige la camiseta de San Lorenzo.
El Rayadito quizás siga lejos de donde su gente sueña verlo, pero noches como esta sirven para recordar que el fútbol siempre da revancha. Y que mientras haya entrega y rebeldía, siempre habrá motivos para creer.










