Un empate que alivia, pero no tapa la crisis

Un punto impensado. (Foto: APF).

En medio de uno de los momentos más delicados de su historia reciente, el Sportivo San Lorenzo rescató un empate agónico 1-1 frente a Olimpia por la novena fecha de la Primera División de Paraguay, resultado que al menos le permitió al Rayadito sumar su segundo punto en el Torneo Apertura. El tanto sobre el final de Luis Cáceres, colocando de cabeza un centro mandado por Héctor Villamayor, desató el desahogo de un equipo que venía golpeado y de una hinchada que lleva semanas soportando resultados adversos.

Por Sergio Velázquez

El empate, más que celebrarse, se sintió como un pequeño alivio dentro de un panorama oscuro. San Lorenzo volvió a mostrar muchas de las falencias que lo han acompañado durante todo el campeonato: dificultades para sostener el ritmo del partido, poca generación de juego y una fragilidad que en varios momentos lo deja a merced de sus rivales. Sin embargo, el carácter para ir a buscar el resultado hasta el último minuto terminó teniendo recompensa.

El equipo de Julio Cáceres, quien llegaba de «comerse» un baile inolvidable ante Libertad, tenía la difícil misión de sumar frente al mejor equipo del torneo. Comenzó perdiendo con un tanto de Alejandro Silva, desde el punto penal; pero consiguió igualar el marcador en los minutos finales, con un cabezazo del zaguero Luis Cáceres, sentenciando la paridad «inesperada», pese a que el Franjeado presentó un equipo no titular.

Uno de los focos de la noche estuvo en el regreso de Wilson Quiñónez al arco santo, en reemplazo del uruguayo Federico Cristoforo, quien fue pieza fundamental en el reciente ascenso a Primera, pero que ya empezó a ser apuntado por la parcialidad ante la cantidad de goles que San Lorenzo tiene en contra (22 en ocho partidos como arquero).

Wilson llegó este año para pelearle el puesto a Cristoforo, y ahora le tocó la oportunidad de volver a defender la camiseta rayadita en un momento complicado y fue recibido con el cariño de una hinchada que no olvida su aporte en los años más felices del club. Quiñónez fue parte importante del ciclo que entre 2017 y 2020 llevó al Rayadito a vivir momentos históricos, incluido el ascenso a la máxima categoría.

Su presencia bajo los tres palos no solo aportó seguridad en algunos pasajes del encuentro, sino también un componente emocional que parecía faltarle al equipo. Para muchos hinchas, volver a ver a Quiñónez en el arco es reencontrarse con una etapa en la que San Lorenzo competía con otra confianza.

Pero más allá del punto sumado y del regreso de un jugador querido, la realidad sigue siendo preocupante. El equipo apenas suma dos unidades en nueve presentaciones, una campaña que refleja un rendimiento muy por debajo de lo que exige la Primera División. La irregularidad, los errores defensivos y la falta de contundencia en ataque continúan siendo problemas que se repiten semana tras semana.

El empate ante Olimpia, puntero invicto y con una importante ventaja sobre sus perseguidores, puede ser interpretado como un pequeño paso anímico para un plantel golpeado, pero no cambia el diagnóstico general. San Loreno sigue inmerso en una crisis deportiva profunda, probablemente una de las más duras de su historia reciente.

El desafío ahora será transformar este punto en un punto de partida y no en un simple consuelo pasajero. Porque si algo ha quedado claro en este Apertura es que el Rayadito necesita mucho más que empates agónicos para salir del pozo en el que se encuentra. La reacción todavía está pendiente.

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