El Rayadito cayó por quinta vez consecutiva en el Apertura, alargando lo que es el peor arranque de un equipo recién ascendido. Esta vez, ya con Julio Cáceres como entrenador, tras la salida de Sergio Orteman, el cuadro sanlorenzano fue superado 3-1 ante Guaraní.
Por Sergio Velázquez
El debut de Julio César Cáceres en el banco de San Lorenzo dejó más preguntas que certezas. En la derrota ante Guaraní, el Rayadito sumó su quinta caída consecutiva y profundizó una crisis que ya no se puede disimular con buenas intenciones ni discursos de transición.
El encuentro se disputó en Trinidad, en el estadio de Rubio Ñu, ante un rival que tampoco venía siendo regular. San Lorenzo volvió a mostrar las mismas falencias que lo persiguen desde hace semanas: fragilidad defensiva, escasa generación de juego y una preocupante falta de reacción anímica cuando el resultado se pone cuesta arriba. El cambio de entrenador no alcanzó para modificar una inercia negativa que parece instalada en el plantel.
Guaraní golpeó en los momentos justos. Aprovechó los errores en salida del Rayadito y castigó con eficacia cada desatención. San Lorenzo, en cambio, tuvo la pelota por momentos pero careció de profundidad. Las aproximaciones fueron más empuje que claridad, y el equipo volvió a depender de arrestos individuales en lugar de una idea colectiva consolidada.
Para Cáceres, que asumió con la difícil tarea de enderezar el rumbo, el estreno fue un baño de realidad. Se notó la intención de ordenar líneas y compactar el equipo, pero la falta de confianza es evidente. Cada error pesa el doble y cada gol en contra se siente como un golpe anímico difícil de revertir. El entrenador deberá trabajar no solo en lo táctico, sino en lo emocional: hoy San Lorenzo es un equipo golpeado.
Cinco derrotas al hilo no son casualidad. Hablan de un proceso que viene mal desde antes y que exige autocrítica profunda, tanto de los jugadores como de la dirigencia. La tabla empieza a incomodar, el margen se reduce y la paciencia de la gente se agota.
Cáceres tendrá poco tiempo para corregir errores y empezar a sumar puntos. La actitud deberá ser el primer paso, pero también se necesita una idea clara de juego y decisiones firmes. El crédito recién comienza, pero el contexto no da tregua: San Lorenzo está obligado a reaccionar ya.










