El Rayadito sigue sin poder ganar: ni acá, ni allá, ni jugando de local en otra cancha. Ya pasó más de una rueda y ahora consiguió otro puntito al igualar sin goles contra Nacional, que en otro contexto habría sido valorable, pero el equipo de Julio Cáceres, que a pesar de llevar cuatro fechas sin perder, viene sumando empates que en realidad solo retrasan el hundimiento. Empate sin goles jugando de local, sufriendo dos expulsiones (Bruno Piñatares y Héctor Villamayor), ante un equipo que hasta hace algunas fechas peleaba por los primeros lugares.
Por Sergio Velázquez
El 0-0 entre San Lorenzo y Nacional dejó más dudas que certezas. Sí, el equipo de Julio César Cáceres volvió a sumar… pero sigue sin ganar. Y en el contexto actual, eso pesa más que cualquier atenuante. El partido tuvo un desarrollo condicionado desde temprano. La expulsión de Bruno Piñatares a los 25 minutos, tras revisión del VAR por una entrada desmedida, dejó al Rayadito en una situación límite durante casi todo el encuentro.
A partir de ahí, lo que vino fue resistencia, sacrificio… y muy poco fútbol. El Santo se refugió, cerró espacios y apostó a sobrevivir, lográndolo en algunos tramos, incluso cuando terminó con nueve hombres tras otra roja en el complemento, sostuvo el cero con orden defensivo y un Wilson Quiñonez que volvió a responder, siendo responsable de que el arco ya no sea tan castigado.
Pero no nos engañemos: este empate no puede celebrarse como un logro, el conjunto del «Emperador» es un equipo que compite, pero no juega. Hay una realidad que ya no se puede maquillar. San Lorenzo es hoy un equipo que pelea, corre y se sacrifica, pero que no juega bien. Le cuesta generar situaciones, no tiene claridad con la pelota y depende demasiado de su orden defensivo.
Y ahí está el problema de fondo. Porque resistir puede servir para sumar un punto aislado, pero no para salir del pozo. En un torneo corto y exigente como este Apertura, sumar de a uno es casi lo mismo que no sumar.
La expulsión de Piñatares no es un hecho aislado, es un síntoma. Un equipo comprometido con su situación no puede darse el lujo de quedarse con uno menos a los 25 minutos por una acción evitable; peor aún cuando el contexto es crítico.
Hay jugadores que parecen no dimensionar lo que está en juego. Este San Lorenzo no está para errores infantiles, ni para desconexiones. Está para competir cada pelota como si fuera la última, porque hoy la pelea no es por un puesto en la tabla, es por la permanencia.
¿Lo positivo dentro de todo? Claro que hay algo rescatable. A este San Lorenzo ya no lo golean. Atrás quedó aquel 7-0 ante Libertad, y desde entonces el equipo mostró cierta solidez defensiva. También es cierto: hace varios partidos que no pierde.
Pero cuidado con caer en la trampa del «al menos no perdemos». Porque empatar sistemáticamente no te salva. Te hunde más lento, nada más.
Lo que viene: Cerro y el morbo
El próximo partido será ante Cerro Porteño, un rival de jerarquía… y con un condimento extra. Aquella polémica por el supuesto incentivo al capitán sanlorenzano Aldo Quiñónez todavía flota en el ambiente, pese a que luego fue desmentida públicamente. Será un partido caliente. Pero también una prueba de carácter.
San Lorenzo suma, sí. Pero no avanza, y en el fútbol, quedarse quieto muchas veces es retroceder.
El equipo de Cáceres necesita algo más que actitud: necesita ideas, personalidad y, sobre todo, resultados. Porque el margen se achica y el torneo no espera. El empate ante Nacional dejó una sensación clara: el Rayadito resiste… pero sigue sin reaccionar.










