Después de tanta frustración acumulada, de noches en las que todo salía mal y los errores se pagaban caros, finalmente llegó el desahogo que tanto necesitaba el pueblo rayadito. El Sportivo San Lorenzo consiguió su primera victoria en el torneo, después de 15 partidos, nada menos que ante Club Guaraní, con un trabajado pero merecido 1-0 que puede marcar un antes y un después.
Por Sergio Velázquez
La mano de Julio Cáceres se notó desde el arranque. Hubo cambios, decisiones fuertes y una idea clara que el equipo supo interpretar. San Lorenzo fue intenso, ordenado y, por momentos, dominador. Pero, sobre todo, mostró una actitud que hasta ahora parecía ausente, la de un equipo que entiende lo que se está jugando.
El único gol de la noche tuvo un condimento especial. Lo marcó Matías Agüero, un producto genuino de la cantera, en una jugada que desató la emoción de todos. Tras una acción bien elaborada, la pelota terminó en sus pies dentro del área y, con determinación, definió para vencer al arquero rival. Un gol que no solo valió tres puntos, sino que también simboliza el sentido de pertenencia y la esperanza en los jóvenes del club.
El rendimiento colectivo recordó mucho a aquel partido ante Cerro Porteño en la primera rueda, cuando el equipo todavía estaba bajo la conducción de Sergio Orteman. Aquella vez hubo juego pero no resultado; esta vez se dieron ambas cosas, y eso es lo que cambia todo.
Porque en la situación en la que está San Lorenzo, no alcanza con competir; hay que ganar. Y ayer lo hizo con argumentos. Supo sufrir cuando fue necesario, pero también tuvo personalidad para sostener la ventaja y no cometer los errores que tanto le costaron en fechas anteriores.
Este triunfo no soluciona todo, pero sí puede ser el punto de inflexión que tanto se esperaba. En la lucha por los promedios, cada punto vale oro, y esta victoria tiene un peso enorme desde lo anímico y lo futbolístico.
El hincha necesitaba una señal. El equipo, esta vez, estuvo a la altura. Ahora el desafío es sostener este nivel, confirmar la reacción y demostrar que no fue solo una noche aislada, sino el inicio de una remontada que devuelva la ilusión. Porque si algo quedó claro, es que cuando este equipo quiere, puede.
Quedan seis partidos en los que el Rayadito aún debe verse las caras con rivales directos en la pelea por la permanencia en los que está prácticamente obligado a sacar la totalidad de los puntos a disputarse, para así llegar con más esperanza al decisivo Torneo Clausura, que es donde el equipo ya no deberá dejar pasar tantos partidos sin sumar.










