El «Funebrero» llegó para sepultar «Muertos»

Para agarrarse de la cabeza. /Foto: Captura de la transmisión del encuentro.

El Rayadito, jugando por primera vez en su cancha sufrió una derrota humillante por 3 a 0 ante Recoleta por la cuarta fecha del Torneo Apertura, en la que fue su peor presentación. El segundo tiempo fue de terror, horrores defensivos desembocaron a un vergonzoso resultado que lo hunde en los promedios con este arranque flojísimo, habiendo solo marcado dos goles en cuatro partidos. Ya no había excusas y este papelón ya es para «plaguearse».

Por Sergio Velázquez

Desde el minuto cero fue un martirio. El equipo no jugó al fútbol, se vio lento, desordenado y sin alma para pelear los duelos. Los errores individuales fueron castigados una y otra vez, y San Lorenzo terminó pagando caro cada uno.

Wilfrido Báez abrió el marcador al inicio del segundo tiempo, aprovechando un desajuste en el sector izquierdo de la defensa que quedó dormida en un lateral. Aldo González, aprovechando un groser error de Aldo Quiñónez, estiró la ventaja con una definición fría que dejó al equipo local sin reacción.

Y para coronar la pesadilla, Mario López, en un intento de despeje, terminó marcando en contra para sellar el 3-0. Un gol peor que el otro, para un Recoleta que estuvo certero en cada situación para ser aprovechada.

No hubo reacción, no hubo garra ni orgullo futbolístico. San Lorenzo no generó una sola jugada de verdadero peligro para descontar ante su gente, que se retiró del estadio con la decepción tatuada en cada paso.

La imagen dejada fue infantil y vergonzosa: un equipo sin patrón de juego, sin intensidad y con defensas superadas sistemáticamente. Cada balón dividido terminó perdiéndose y la desesperación creció con el paso de los minutos.

Y lo peor: esta ya es la cuarta derrota consecutiva del Rayadito en su regreso a la División Profesional, hundiéndose en el último lugar de la tabla y encendiendo todas las alarmas del descenso.

No es una derrota más. Es una foto del momento actual: un equipo sin rumbo, desesperado por encontrar algo que lo conecte con el alma que la camiseta exige. La tristeza se mezcla con bronca.

Ahora queda tiempo de reflexión, correcciones urgentes y, sobre todo, un cambio de actitud inmediato. Porque San Lorenzo no merece esta impotencia permanente.

Ya van dos partidos seguidos ante rivales directos en los cuales el equipo no dió la talla, y aunque mostraba buenos síntomas en encuentros «perdibles», ahora el «Canario» desnudó la realidad del equipo, que ha tenido el peor arranque de todos.

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