El Rayadito perdió, ¡vaya novedad!, 2-0 ante Rubio Ñu, por la séptima fecha del Torneo Apertura. El resultado profundiza el mal momento deportivo, exponiendo a un equipo que, lejos de reaccionar, parece hundirse cada vez más en sus propias limitaciones.
Por Sergio Velázquez
Seis derrotas en siete partidos. Un dato lapidario que grafica el presente del Rayadito, pero que no alcanza a describir la sensación que deja en cancha, al ser un equipo sin respuestas, sin rebeldía y, lo que es más preocupante, sin una identidad clara de juego.
Hoy tocó jugar contra Rubio Ñu en Trinidad, rival directo en la pelea por la permanencia. San Lorenzo tenía la obligación moral y futbolística de mostrar otra cara. No era un compromiso ante uno de los candidatos al título, ni frente a un plantel de jerarquía superior. Era un duelo clave por puntos que valen más que tres; valen oxígeno en la tabla y en el promedio. Y volvió a fallar.
El 2-0 fue la consecuencia lógica de lo que se vio en el campo. Un equipo desordenado, impreciso, que concede espacios con facilidad y que en ataque depende más de arrestos individuales que de un funcionamiento colectivo trabajado. La fragilidad defensiva volvió a quedar en evidencia, mientras que en ofensiva casi no generó situaciones claras como para inquietar seriamente al rival.
El cambio de entrenador, que hace tres fechas trajo a Julio César Cáceres, en reemplazo de Sergio Orteman, no produjo el efecto esperado. La intención de dar un golpe de timón fue clara, pero en la práctica todo sigue igual o incluso peor. El equipo no muestra evolución en lo táctico ni en lo anímico y la reacción que se aguardaba tras el cambio de mando nunca llegó.
Lo más alarmante es que San Lorenzo ya enfrentó a rivales de todo tipo: candidatos al campeonato (Cerro, Nacional), equipos de mitad de tabla (Guaraní, Trinidense) y adversarios directos en la lucha por no descender (Ameliano, Recoleta, y ahora Rubio Ñu). El resultado ha sido casi siempre el mismo, no hay excusas de calendario ni de contexto y el problema parece más profundo.
Cada derrota no solo suma frustración, ya que mantiene al club en zona roja, comprometiendo seriamente sus aspiraciones de permanencia en Primera División. El margen de error se achica fecha tras fecha. A este ritmo, debería hacer una campaña de campeón en el Torneo Clausura, para intentar equilibrar este momento desastroso casi sin antecedentes.
El Torneo Apertura aún no terminó, pero el tiempo corre y San Lorenzo no da señales de recuperación. Si no hay un cambio profundo, en actitud, en funcionamiento y en convicción, el presente puede transformarse en una pesadilla mucho más difícil de revertir.
La pregunta ya no es cuándo llegará la reacción, más bien pasan a ser: ¿Para esto se ascendió? ¿Tan grande le queda al Rayadito esta categoría?










