El Rayadito sigue en deuda en su regreso a Primera División, tras igualar de local 1-1 frente a Sportivo Trinidense, en un duelo que tuvo más tensión que fútbol y que, si bien cortó la racha negativa, volvió a exponer las limitaciones del equipo. El equipo de Julio Cáceres encontró el empate en la parte final, y terminó rescatando un punto que no alivia para nada el mal sabor de las cinco caídas consecutivas en el arranque.
Por Sergio Velázquez
Necesitaba ganar, venía golpeado, urgido por sumar y por reencontrarse con una identidad que todavía no termina de consolidarse. Sin embargo, el empate terminó siendo un reflejo de su presente: esfuerzo, intensidad por momentos, pero poca claridad en los metros finales.
El encuentro comenzó cuesta arriba para el conjunto del «Emperador». El «Triqui» golpeó primero con un gol de penal, tras una acción que generó protestas, pero aprobada por el VAR, y volvió a poner en discusión la fragilidad defensiva en momentos determinantes. Desde ese instante, el panorama fue el de siempre en este tramo del campeonato: San Lorenzo obligado a correr desde atrás.
El equipo intentó asumir el protagonismo con más empuje que claridad. Hubo voluntad, presión intermitente y algunas aproximaciones, pero faltó precisión en los últimos metros. La ansiedad por igualar llevó a apresurar decisiones y facilitó por momentos la tarea defensiva del rival.
El reloj jugaba en contra y la frustración comenzaba a sentirse en el ambiente. Sin embargo, cuando el partido se apagaba y parecía que la historia sumaría otro capítulo negativo, llegó el desahogo. San Lorenzo encontró el empate casi al final, en una jugada de insistencia que premió la búsqueda y evitó una nueva derrota, en donde los cambios de Cáceres dieron efecto, protagonizando un ataque desordenado, pero efectivo, con la definición del delantero Alfredo Barrios.
El tanto fue más alivio que celebración, pero significó cortar la inercia adversa y sumar un punto que, en lo anímico, puede valer más de lo que indica la tabla; solo el tiempo lo dirá.
El empate no soluciona los problemas en los promedios ni por asomo, pero sí deja el mensaje claro de que el equipo no bajó los brazos. Ahora el desafío será transformar esa reacción tardía en regularidad y solidez desde el inicio.
Del equipo que dejó Sergio Orteman, a éste que dirige Cáceres, no hay mucha diferencia. No se ve ningún cambio significativo en el funcionamiento, y el Rayadito ya ha enfrentado a distintos tipos de rivales, tanto directos, como aquellos en donde entra en el «presupuesto» perder, ya ha jugado en su casa en dos oportunidades; y con todo eso el saldo de producción es absolutamente negativo, sumando un solo punto, habiendo convertido solamente cuatro goles.
La próxima cita es el siguiente jueves, de visitante contra Rubio Ñu, en «La Arboleda» de Trinidad, en un duelo de recién ascendidos, en donde efectivamente quien gane sacará una buena ventaja en la pelea por la permanencia.










